“Perdóname.”
“Mi mamá se salió de control.”
“No pensé que estuvieras tan mal.”
“Dime qué hago para arreglarlo.”
Leí el último dos veces.
Después lo borré.
—No quiero hablar con él.
—No tienes que hacerlo.
—Quiero divorciarme.
Javier no celebró. Solo asintió.
—Cuando salgas, empezamos.
Entonces me contó lo de la grabación.
El sistema de seguridad que habíamos instalado en la camioneta no solo enviaba ubicación. Cuando detectaba una maniobra brusca, un impacto o una apertura anormal con el motor detenido, guardaba un breve registro de audio y video en la nube.
Yo no tenía idea.
El día anterior, cuando Teresa abrió la puerta trasera y me jaló, el sistema había activado un evento.
En el archivo se escuchaba mi voz diciendo:
—Adrián, necesito el hospital.
Luego la voz de Teresa:
—Si de verdad te estás muriendo, muérete sin hacernos responsables.