Entonces Martha sacó del bolsillo la fotografía de Daniel.
—¿Sabes? Siempre creí que el mayor error de mi vida era algo que jamás podría reparar.
Miró por la ventana.
—No puedo traer de vuelta a Daniel. Pero todavía puedo convertirme en una mejor abuela para los hijos de su hermano.
Seis meses después, en el cumpleaños de Martha, organizamos una pequeña celebración familiar.
Había un mensaje especial escrito sobre su tarta de cumpleaños.
«Abuela, gracias por elegir pasar más años con nosotros».
Martha contempló aquellas palabras durante mucho tiempo.
Después se sentó y comenzó a llorar.
—He recibido muchos regalos a lo largo de mi vida —dijo—, pero este es el primero que me recuerda mi futuro en lugar de mi pasado.
Aquella noche comprendí algo muy importante.
Durante años había visto a mi suegra como una mujer obstinada que se negaba a escuchar a los demás.