Alguien gritó en voz alta:
—¿Qué pasa, no encontraste chicas de tu edad?
Otra voz añadió:
—¡Trajo a la limpiadora al baile de graduación!
Sentí cómo la mano de mi abuela temblaba ligeramente. Intentaba sonreír, pero en voz baja dijo que quizá sería mejor irse a casa para no arruinarme la noche.