PARTE 2: El billete que nunca olvidó

Él sonrió.

—Porque durante años pensé que nunca volvería a verla.

—¿Y ahora?

Mateo la miró.

—Creo que la vida tiene formas extrañas de devolver las cosas.

Valeria se quedó inmóvil.

—Espera.

Su voz salió más baja.

—¿Ella trabajaba en un café?

Mateo asintió.

—Sí.

—¿Cómo se llamaba?

Él no respondió inmediatamente.

—Lucía.

El corazón de Valeria dio un vuelco.

Ese era el nombre de su madre.

Aquella noche, Valeria llegó a casa más temprano de lo habitual.

Su madre estaba sentada cosiendo junto a la ventana.

—Mamá.

Lucía levantó la mirada.

—¿Qué pasa?

Valeria se sentó frente a ella.

Colocó la fotografía sobre la mesa.

La mujer dejó caer la aguja.

No dijo nada.

Pero sus ojos cambiaron.

—¿Lo conoces?

Lucía tocó la imagen con dedos temblorosos.

—Ese niño…

Respiró profundamente.

—Dios mío.

Valeria sintió un nudo en la garganta.

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