Después dejó un billete sobre la mesa.
Como siempre.
200 pesos.
Valeria lo miró.
—¿Todavía?
Mateo sonrió.
—Algunas cosas no cambian.
Y por primera vez, ella entendió que aquella pequeña cantidad nunca había sido una propina.
Después dejó un billete sobre la mesa.
Como siempre.
200 pesos.
Valeria lo miró.
—¿Todavía?
Mateo sonrió.
—Algunas cosas no cambian.
Y por primera vez, ella entendió que aquella pequeña cantidad nunca había sido una propina.