PARTE 2: EL RIÑÓN QUE NUNCA DEBIÓ SER EXTRAÍDO

Entró acompañado por Rebecca.

—Necesito ser extremadamente cuidadoso —dijo—. Solo puedo hablar de lo documentado y todavía falta revisar información.

Dígamelo.

—Hay una inconsistencia.

—¿Qué clase?

—Los registros que justificaron la urgencia del trasplante no coinciden completamente con algunos análisis anteriores.

Adrián palideció.

—¿Está diciendo que Noah no estaba enfermo?

—No. El niño tiene una enfermedad renal seria.

Miró directamente a Adrián.

—Pero necesitamos establecer si la intervención debía ocurrir exactamente de esta manera y en ese momento.

Me senté.

Aquello significaba que alguien quizá había creado una urgencia mayor de la que los documentos independientes podían demostrar.

No culpé a Noah.

Jamás.

Era un niño de cinco años.

Tan inocente como Lily.

Entonces Rebecca recibió una llamada.

Se apartó.

Cuando regresó, llevaba el rostro completamente blanco.

—Elena, tenemos los resultados preliminares de otra revisión.

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