PARTE 2 — EL SECRETO DE CARL

Mi querida esposa, si estás leyendo esta carta, significa que he muerto. Pero antes de que descubras quién fui realmente, necesito pedirte perdón. Porque nuestro encuentro no fue una casualidad”.

Sentí que el corazón se me detenía.

Levanté la mirada hacia el abogado, que permanecía sentado frente a mí con una expresión imposible de descifrar.

—¿Qué significa esto? —pregunté con la voz temblorosa.

—Le recomiendo que termine de leer, señora —respondió suavemente—. Su esposo dejó instrucciones muy precisas.

Volví a mirar la carta.

“Hace siete años, una mujer salvó mi vida sin saberlo. Yo estaba sentado en un puente, convencido de que no tenía ninguna razón para seguir viviendo. Acababa de perder a mi esposa y a nuestra hija en un accidente. Tenía dinero, empresas y propiedades, pero había perdido lo único que realmente importaba”.

“Aquella noche, una desconocida se acercó y me preguntó si necesitaba ayuda. No me conocía. No sabía que era millonario. Simplemente se sentó a mi lado y me escuchó durante casi dos horas”.

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