Pero no bastaban.
Aun así, no iba a permitir que utilizaran mi ausencia para justificar lo que estaba viendo.
—Tienes razón en una cosa, Mónica. He venido poco. Eso es responsabilidad mía. Pero no me da menos derecho a preocuparme por ellos, y mucho menos os da derecho a decidir qué hacer con su patrimonio sin su consentimiento.
Sergio soltó una carcajada.
—Siempre has sido el favorito. Llegaste a esta casa cuando ya estaba todo hecho y, de repente, todos tenían que preocuparse por ti. Ahora vienes con tu empresa, tu dinero y tus abogados a decirnos cómo debemos vivir.
Lo miré fijamente.
—Joaquín y Pilar me adoptaron porque quisieron. Nunca me hicieron sentir que debía pagarles por ello. Si he conseguido algo en la vida, es en parte gracias a ellos. Y no voy a quedarme mirando mientras alguien los engaña.