En una de las cláusulas aparecía una referencia a la posibilidad de que mis padres abandonaran voluntariamente la casa una vez formalizada la transmisión.
Levanté la mirada.
—¿Qué significa esto, Sergio?
Mi hermano se cruzó de brazos.
—Significa que estamos organizando el futuro de mamá y papá. Alguien tiene que hacerlo.
—¿Organizar su futuro consiste en quitarles su casa?
—¡No les estoy quitando nada! La casa seguirá siendo de la familia.
—¿De qué familia? ¿De la familia que los obliga a servir la comida mientras vosotros os sentáis a esperar?
Mónica dejó la carpeta sobre la mesa con un golpe.
—No tienes derecho a venir aquí después de meses sin aparecer y juzgar cómo vivimos.
Aquella frase me dolió porque contenía una parte de verdad.
Había pasado demasiado tiempo lejos. Me había convencido de que las llamadas y el dinero bastaban para asegurarme de que mis padres estaban bien.