—Significa que vamos a investigar cómo obtuvieron estos poderes —respondió Inez.
El silencio fue inmediato.
Verónica miró a Derek.
Y por primera vez parecían ellos los preocupados.
Pero todavía había
algo que no entendíamos.
La llave.
Esa noche mi padre me llevó al viejo cobertizo.
Quitó una tabla de madera detrás de unas herramientas antiguas.
Había una pequeña puerta metálica.
Usó la llave oxidada.
El sonido del mecanismo fue como abrir un recuerdo perdido.
Dentro había una caja.
No era grande.
Pero mi padre la trataba como si contuviera toda su vida.
La abrió.
Había fotografías.
Cartas.
Documentos.
Y una carta escrita por mi abuelo.
Mi padre me la entregó.
La abrí.
“Manuel, si algún día alguien intenta quitarte lo que construimos, recuerda algo: una casa no se protege con paredes. Se protege con personas que aman lo que representa.”