PARTE 2: La traición

—Me pagó para mantenerlo enfermo. Dijo que nadie debía sospechar hasta que se firmara la transferencia de sus empresas.

Gabriel cerró lentamente los puños.

Su propio hermano había intentado matarlo.

Entonces sonó mi teléfono.

Era un número desconocido.

Contesté con cautela.

—¿Elena Vargas? —preguntó una voz masculina.

—Sí.

—Sabemos que encontraste los puntos. Si quieres seguir viva, abandona esa casa.

La llamada terminó.

Gabriel había escuchado suficiente.

—Dame el teléfono.

Se lo entregué.

Observó el número y su rostro se endureció.

—Carmine, encuentra a Matteo.

Pero cuando su subjefe salió, Gabriel me hizo una pregunta inesperada.

—Elena, ¿tu madre te dejó una caja de madera antes de morir?

Sentí que el corazón se me detenía.

—Sí. Me pidió que nunca la abriera delante de desconocidos.

Gabriel se cubrió el rostro.

—Rosa cumplió su promesa.

—¿Qué promesa?

Me miró con los ojos húmedos.

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