—Y no se consigue con promesas.
—Lo sé.
—Si quieres formar parte de sus vidas, tendrás que respetar sus decisiones. No
Ethan asintió.
—Acepto.
Me volví hacia mis hijos.
—¿Queréis quedaros?
Daniel miró a sus hermanos.
Después respondió:
—Podemos hablar con él. Pero nos iremos cuando queramos.
—Por supuesto —dije.
Ethan se apartó para dejarnos pasar.
No intentó detenernos.
Y aquella fue la primera decisión correcta que tomó aquella noche.
Sin embargo, la historia todavía estaba lejos de terminar.
Porque, mientras nosotros abandonábamos el salón, una mujer sentada cerca de la salida observaba a los tres muchachos con el rostro completamente blanco.
Era Victoria Harper.
La mujer con la que Ethan supuestamente había comenzado una relación durante nuestro matrimonio.
Y la única persona, aparte de Margaret, que conocía el verdadero origen de aquella carta.
Cuando nuestras miradas se cruzaron, Victoria apartó rápidamente los ojos.