Un Final Lleno de Luz y Felicidad
Cuatro años han pasado desde aquella tarde en el patio trasero.
El sol brilla radiante sobre el área de entrenamiento de nuestra nueva y espaciosa casa. Ryan camina hacia mí cargando a nuestra pequeña hija de dos años, quien ríe alegremente mientras intenta imitar las posturas de estiramiento que le enseño.
Ryan se acerca, rodea mi cintura con su brazo libre y me da un beso tierno en los labios, con una mirada llena de admiración y profundo amor.
— Gracias por enseñarme a nunca permitir que nadie apague nuestra luz, Evelyn —dice Ryan con una sonrisa genuina—. A tu lado descubrí lo que realmente significa ser un equipo invencible.
Sonrío, abrazándolos a ambos y sintiendo una gratitud inmensa por el camino recorrido.
— Siempre seremos un equipo, Ryan —respondí