Ese día no hablaron más del tema.
Un mes después, Camila consiguió mantenerse sentada sin ayuda durante largos periodos.
Tiempo después comenzó a caminar con apoyo.
Y entonces recordó algo.
—Escuchaba a Héctor cuando iba a la clínica.
Julián se tensó.
—No necesitas obligarte a recordar.
—Sí necesito.
Camila respiró profundamente.
—Una vez discutió con el doctor. Dijo: “Si despierta y habla, todos estamos perdidos”.
—Cami…
—Ellos apostaron a que yo jamás podría contar esto.
Miró directamente a su padre.
—Pues perdieron.
Cuando llegó el juicio, la familia que durante años se había sentado junta en cumpleaños y Navidades terminó repartida entre abogados y custodios.
Patricia vio entrar a Camila caminando con un bastón.
Se cubrió la boca.
—¡Camilita!
La joven se detuvo.
—No me digas así.
Patricia comenzó a llorar.
—Yo soy tu tía.
Camila la observó sin odio.