No te quedes mirando únicamente los troncos.
Observa también los espacios que existen entre ellos.
El rostro no necesariamente está formado por un solo árbol.
Puede aparecer gracias a la combinación de:
Troncos.
Ramas.
Nieve.
Sombras.
Espacios vacíos.
Nuestro cerebro normalmente interpreta esos elementos como partes independientes del bosque.
El desafío consiste en descubrir otra interpretación posible.
Tercera pista: busca dos ojos
Si sigues sin encontrarlo, intenta cambiar la estrategia.
En lugar de buscar una cara completa, busca primero dos zonas que puedan parecer ojos.
Cuando encuentres dos formas aproximadamente alineadas, observa qué hay entre ellas.
¿Existe una forma que pueda convertirse en nariz?
Después mira debajo.
¿Hay alguna línea que pueda funcionar como boca?
Esta técnica puede ayudarte a reconstruir visualmente el rostro.
¿Por qué vemos caras donde no las esperamos?
El cerebro humano tiene una gran facilidad para reconocer patrones familiares.