Y yo todavía no podía imaginar hasta dónde llegaba.
A la mañana siguiente fingí seguir ciega.
Fue la decisión más difícil de mi vida.
Cuando Valeria entró con una taza de café, dejé la mirada perdida, como había hecho durante siete años.
—Mauricio me dijo que anoche estabas diciendo cosas raras —comentó con dulzura.
Ahora podía observarla.