No esperaba agradecimientos.
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Ya estaba acostumbrada a que su esfuerzo se considerara una obligación.
Pero cuando Beatrice apartó la comida y la miró con desprecio, Peyton sintió que algo se rompía.
—Si no puedes ser una esposa de verdad, regrésate con tus padres.
La habitación quedó en silencio.
Peyton miró a su suegra.
Después miró a Craig.
Su esposo tenía el tenedor en la mano.
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Lo dejó lentamente junto al plato.
—Mamá, ya —murmuró—. Es Año Nuevo.
Peyton esperó.
Quizá Craig diría algo más.
Quizá recordaría los tres años que habían pasado juntos.
Quizá le recordaría a su madre que aquella casa también era de Peyton.
Quizá simplemente diría que nadie tenía derecho a hablarle así.
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Pero Beatrice no retrocedió.
—¿Ya qué?
La mujer se inclinó ligeramente hacia delante.
—Llevan tres años casados y todavía no tienen hijos.