—¿También buscabas testigos? —pregunté.
Teresa evitó mis ojos.
Héctor intervino con calma.
—Vivir en casa de un familiar con permiso no convierte automáticamente a nadie en propietario. Y una cosa es acreditar residencia; otra muy distinta, acreditar posesión con características suficientes para reclamar derechos sobre el inmueble. Además, los gastos que hemos revisado provienen de una cuenta familiar financiada principalmente por Mariana y Daniel. Pero sí parece claro que alguien estaba intentando construir una narrativa para negociar desde una posición de presión.
Teresa comenzó a llorar.
Esta vez Daniel no se acercó a abrazarla.
—¿Por qué, mamá?