Marta, en cambio, estaba sentada frente a una mesa servida para invitados.
Había comida suficiente para todos.
Había copas llenas.
Había risas.
Y había una silla vacía que nadie parecía dispuesto a ocupar.
La silla de Joaquín.
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Álvaro se acercó a Carmen.
—Mamá, ¿papá ya comió?
Carmen miró a Marta antes de contestar.
Ese movimiento fue pequeño.
Pero Álvaro lo vio.
—Sí —dijo ella.
—¿Qué comió?
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Carmen apretó los labios.
—Lo que había.
Marta se levantó.
—Ya basta, Álvaro.
Él la miró.
—Todavía no he empezado.
Iván intervino entonces.
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—Creo que deberías hablar con Marta en privado.
Álvaro giró hacia él.
—¿Tú también sabías?