¿Y qué significaba exactamente Camila dentro de todo aquello?
Valeria no tenía las respuestas.
Pero tampoco iba a regresar a la clínica para conseguirlas de boca de Diego.
La respuesta que necesitaba no era una explicación improvisada en una habitación donde todos ya habían decidido qué papel debía interpretar ella.
Necesitaba entender la historia completa.
Y para hacerlo, empezó por algo más sencillo.
Revisó su teléfono.
Encontró el mensaje de Diego.
«Si de verdad me amas, no vas a preguntar cuánta sangre necesitan. Solo hazlo por mí».
Lo leyó otra vez.
Ahora aquella frase sonaba distinta.
No como una petición.
Como una condición.
Si me amas, obedeces.
Si preguntas, fallas.
Si dudas, eres egoísta.
Si corres a ayudarme, ganas otra ronda.
Valeria dejó el teléfono sobre la cama.
Por primera vez en mucho tiempo, no intentó justificarlo.
No pensó en lo que Diego podía estar sintiendo.
Pensó en lo que ella había hecho.
Había entregado sangre por alguien que no la necesitaba.
Había corrido de madrugada porque creyó que su pareja estaba en peligro.
Había aceptado un procedimiento médico sin cuestionarlo porque alguien que decía quererla le había hecho creer que esa era la prueba de amor que debía superar.
Y mientras ella hacía todo eso, ellos estaban contando.
Noventa y seis.
La cifra se convirtió en una frontera.
Ya no importaba cuántas pruebas anteriores pudiera recordar.
Importaba que existía un plan.
Un número final.
Y una mujer llamada Camila esperando al otro lado de ese número.
Valeria cerró la maleta.
No lloró.
Todavía no.
Antes necesitaba saber hasta dónde llegaba la mentira.
Porque si los documentos universitarios habían sido falsificados a propósito, si aquella supuesta enfermedad había sido inventada y si el accidente de esa madrugada también había sido una actuación, entonces tres años de recuerdos podían contener muchas cosas que ella había interpretado mal.
La pregunta ya no era si Diego la amaba.
La pregunta era cuánto de la relación había sido real.
A la mañana siguiente, Valeria regresó a revisar sus cosas sin avisarle a Diego.
Encontró fotografías, regalos, recibos y pequeños objetos que durante años habían parecido pruebas de una relación normal.