Los 190,000 pesos no habían salido de golpe.
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Eran varios movimientos hechos en fechas distintas, algunos pequeños y otros lo bastante grandes como para que yo tuviera que revisar dos veces las cantidades.
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Paula acercó su silla mientras yo recorría las páginas con el dedo.
—¿Tú sabías de esto?
Negué con la cabeza.
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Reconocí de inmediato la cuenta de origen porque era una de las cuentas que usábamos para los gastos de la casa y para guardar una parte de nuestros ahorros.
Lo que no reconocía era el destino de varios movimientos.
En la documentación aparecía otra cuenta vinculada a Diego.
No estaba a nombre de Daniela.
Eso, por alguna razón, me inquietó todavía más.
Daniela volvió a escribirme antes de que pudiera responderle.
“Él me dijo que ese dinero era suyo desde antes del matrimonio. También me dijo que tú sabías que estaba preparando la separación.”
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