La historia sobre mi supuesta depresión.
La solicitud de divorcio fechada tres meses atrás.
Y los movimientos por 190,000 pesos.
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Cuando terminé, la página no parecía la descripción de una sola traición.
Parecía un sistema.
A la mañana siguiente
Diego escribió a las 7:13.
“Tenemos que hablar solos.”
Le respondí veinte minutos después.
“Podemos hablar. Renata se queda conmigo y Paula estará en la casa.”
Contestó casi de inmediato.
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“Esto es entre tú y yo.”
No discutí.
“Entonces no vengas.”
Pasaron once minutos.
“Está bien.”
Llegó poco antes del mediodía.
Paula estaba en la sala con Renata.
Yo me senté en la mesa donde la noche anterior había quedado su llave.
La llave ya no estaba ahí.
La había guardado yo.
Diego entró sin besarme, sin preguntar primero por la niña y sin las margaritas que tantas veces habían servido para cerrar conversaciones incómodas.