La semejanza podía ser una coincidencia. Sofía lo sabía. Por eso había solicitado la prueba de ADN en lugar de convertir una sospecha en una acusación.
Sin embargo, la reacción de Álvaro en la escalera no había sido una simple impresión. Cuando ella cayó, él corrió hacia Nicolás, lo abrazó y le revisó los brazos antes de mirar a su esposa. Después, al escuchar que podía ver, su rostro había revelado un miedo que no logró ocultar.
Sofía recordó también las palabras que había oído antes de recuperar la vista.
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—Mañana habrá terminado todo.
No sabía exactamente a qué se refería Álvaro. Podía tratarse de una conversación sobre asuntos domésticos, una decisión relacionada con Nicolás o algo que todavía no alcanzaba a comprender. Pero, después de leer el correo de su padre, aquellas palabras adquirieron un significado mucho más inquietante.A la mañana siguiente, Sofía se levantó antes que el resto de la familia. Le costaba caminar con normalidad. El golpe en la cabeza seguía provocándole dolor y su visión aún no era completamente nítida. Aun así, consiguió llegar hasta la cocina sin pedir ayuda.