“Tienes 50 años, Elena, no 20; deja de avergonzarme” – Mi esposo se negó a entrar a mi fiesta de cumpleaños por mi vestido “inapropiado”

Dentro, la dependienta me recibió muy amablemente.

“¿Buscas algo especial?”.

Dudé antes de responder.

“Mi 50.º cumpleaños”.

“Pues vamos a buscar algo a la altura de la ocasión”.

Unos minutos más tarde, salí del probador con el vestido esmeralda puesto.

Me ceñía la cintura, caía suavemente por debajo de las rodillas y hacía que mis ojos brillaran más de lo que lo habían hecho en años.

La dependienta juntó las manos.

“Ay, cariño”, me dijo. “Ese color está hecho para ti”.

Me reí, un poco cohibida.

“¿De verdad lo crees?”.

“Lo sé”.

Por primera vez en mucho tiempo, me miré al espejo y sonreí sin fijarme enseguida en mis arrugas, las canas de las sienes o esos kilos de más que nunca llegué a perder del todo después de tener a mis hijos.

Simplemente me vi… a mí misma.

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