—La noche de su cesárea hubo varios nacimientos en menos de una hora. Dos bebés varones fueron trasladados temporalmente al área de observación neonatal.
—Santiago y mi hijo —dije.
La doctora dudó.
—Los bebés que posteriormente fueron registrados con esos nombres.
Aquella precisión me revolvió el estómago.
Nos explicaron que durante una revisión una pulsera se desprendió. En lugar de detener el procedimiento y activar inmediatamente el protocolo de identificación, una enfermera la dejó sobre una bandeja.
En ese momento ocurrió una emergencia con otro recién nacido.
Entró personal diferente.
Movieron dos cunas.
Cuando intentaron colocar de nuevo la pulsera, alguien la puso en el bebé equivocado.
—¿Y nadie se dio cuenta? —pregunté.
La jefa de enfermería habló.
—Hubo una discrepancia.
—¿Qué hicieron?
Nadie respondió.
Golpeé la mesa con la palma.
—¿Qué hicieron?
—El supervisor de turno consideró que probablemente se trataba de un error en el registro.