Un niño esperó cinco horas para entregar un sobre a una empresaria… y dentro estaba su pasado perdido

Habían rentado una pequeña oficina en Ciudad de México.

Trabajaban hasta tarde.

Comían en escritorios prestados.

Celebraban cada nuevo cliente como si hubieran ganado una fortuna.

Después, un día, Rafael decidió vender su participación.

Eso era lo que Elena había creído durante veinte años.

El abogado de la empresa, Arturo Cárdenas, se había encargado de explicárselo.

“Rafael quiere salir.”

“No desea hablar contigo directamente.”

“Lo mejor es resolverlo rápido.”

Elena había confiado en Arturo.

Rafael vendió sus acciones.

Y desapareció de su vida.

Ahora su hijo estaba sentado frente a ella.

—Diego, ¿dónde han vivido?

El niño hizo una pequeña pausa.

—En varios lugares.

—¿Por qué?

—Mi papá decía que era mejor no quedarse demasiado tiempo en el mismo sitio.

—¿Alguna vez te explicó de qué tenía miedo?

—No exactamente.

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