Una madre conoció al novio de su hija mientras él llevaba un disfraz de Halloween, pero bastó un vistazo a su rostro real para que todo cambiara.

Me senté a su lado.

—Ese momento fue real. Lo que pasó después no significa que todos los buenos recuerdos fueran falsos.

Unos días más tarde, mientras guardaba las decoraciones de Halloween, Emma encontró el frasco de desmaquillante.

—Cuesta creer que todo cambiara por culpa de esto —dijo con una leve sonrisa.

—El maquillaje no provocó lo que pasó —respondí.

—No. Solo hizo que por fin viéramos lo que había detrás.

Me abrazó.

—Gracias por decirme la verdad, mamá, aunque fuera difícil.

La abracé con fuerza.

—Siempre intentaré hacerlo.

Después de todo lo que habíamos vivido, comprendí cuánto significaba aquella promesa.

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