—Quizá deberíamos dar la vuelta —dijo Grace.
—No. Evelyn no puede seguir decidiéndolo todo.
Volvimos a ponernos en contacto con el hospital y preguntamos si podíamos visitarlo. El personal nos explicó que la posibilidad de verlo dependería de su estado de salud y de sus propios deseos.
Evelyn nos esperaba fuera de su unidad cuando llegamos.
—¡Has traicionado a esta familia! —le espetó a Grace.
Luego se volvió hacia mí.
—Está demasiado enfermo para soportar la impresión de ver a una hija a la que no ha visto en décadas.
—Hoy mismo me he enterado de que estaba vivo —respondí.
Amenazó con excluir a Grace de la familia si continuaba adelante. Por un momento, Grace se quedó paralizada, tal como le ocurría cuando era una niña pequeña.
Pero entonces se colocó a mi lado.
—Las dos somos sus hijas —le dijo a la enfermera—. Queremos saber si él desea vernos.