Volví a casa después de seis meses fuera por una comisión militar y esperaba que mi esposa corriera

Sin embargo, parecía que ella y Mauricio ya vivían ahí.

Esa noche intenté abrazar a Laura en la cama.

En cuanto mi mano rozó su brazo, ella se estremeció y se apartó como si le hubiera hecho daño.

Y cometí el peor error.

—Laura… ¿hay alguien más?

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

Pero no respondió.

Al día siguiente, mientras ella salió con mi mamá, encontré un celular viejo guardado en un cajón.

Había mensajes borrados, comprobantes bancarios y fotografías de documentos.

Uno mencionaba nuestra casa.

Otro, el pequeño negocio de distribución que Laura y yo habíamos levantado antes de que yo entrara de lleno al servicio.

Y entonces vi mi nombre.

Mi supuesta firma aparecía en un documento relacionado con una cesión de derechos.

Sentí que se me helaba el cuerpo.

Yo jamás había firmado eso.Seguí revisando.

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