Volví antes de lo previsto después de mi turno nocturno y encontré a mi hijo de 5 años durmiendo en el frío suelo de la cocina. Cuando lo cogí en brazos, me susurró: “Mamá, ya no quiero jugar al juego de papá”. Entonces levanté la vista hacia la planta de arriba… y entendí por qué mi marido no había bajado en toda la noche.

“Con la tía Daniela.”

El cansancio desapareció de golpe.

Daniela era la hermana menor de Verónica.

Verónica subió las escaleras sin quitarse siquiera el uniforme de enfermera.

Al llegar al pasillo escuchó una puerta abrirse.

Daniela salió del cuarto de visitas acomodándose el cabello. Llevaba una blusa que Verónica reconoció de inmediato porque se la había regalado en Navidad.

Detrás apareció Mauricio, su esposo, con el rostro pálido.

Durante varios segundos nadie habló.

Luego Mauricio murmuró:

“Verónica, puedo explicarlo.”

Ella no gritó.

No lloró.

Solo señaló hacia las escaleras.

“Mateo está durmiendo en el piso de la cocina.”

Mauricio tragó saliva.

“Se quedó viendo caricaturas. Seguro se durmió ahí.”

Verónica lo miró fijamente.

“Me dijo que tú lo mandaste abajo.”

Daniela frunció el ceño.

“¿Qué?”

“Le dijiste que era un juego. Que tenía que quedarse callado hasta que tú bajaras.”

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