—¿Y tú qué protegías?
Javier no tuvo respuesta.
Nicolás sacó del bolsillo una copia del recibo de venta del terreno de Sagunto y la dejó sobre la mesa.
—Papá vendió esto para salvarte. Y tú convertiste su ayuda en una excusa para seguir tomando.
Javier empezó a llorar, pero Nicolás no lo abrazó.
Nicolás sonrió.
—Supongo que tienes razón.
Aquella misma tarde Nuria sacó una carpeta.
—Ya que estás aquí, podríamos dejar una cosa resuelta.
Dentro había un documento nuevo. Nicolás debía reconocer oficialmente que Javier era la persona adecuada para gestionar los asuntos económicos de sus padres.
Parecía una formalidad familiar, pero Adrián descubrió que algunas cláusulas podían convertirse después en una prueba de consentimiento.
Nicolás cerró la carpeta.
—Lo firmamos mañana, durante la cena. Todos juntos.
Nuria frunció el ceño.