Aquello fue lo más difícil para Nicolás.
Volver al comedor, sentarse frente a la mujer que había quitado las llaves a su madre y fingir que no sabía nada.
Durante 2 días actuó como el hijo ocupado que solo había venido a visitar.
Incluso elogió a Nuria.
—Menos mal que estáis vosotros aquí. Yo desde Madrid no puedo controlar estas cosas.
Ella cayó en la trampa.
Empezó a hablar con orgullo de cuentas, medicamentos, recibos y “decisiones responsables”. Repetía que Manuel confundía fechas y que Carmen se ponía nerviosa con los bancos.
—A cierta edad, la tranquilidad vale más que la independencia —dijo.
Manuel bajó la cabeza.
Carmen apretó los dedos alrededor