—Ya te dije que por la noche ese móvil se guarda.
Nicolás reconoció a Nuria, la esposa de su hermano Javier.
Antes de colgar, Carmen susurró:
—No vengas, hijo.
Nicolás tomó el primer AVE de la mañana hacia Valencia y no avisó a nadie. Se alojó en un hotel pequeño cerca de la estación y, al caer la tarde, caminó por la calle donde había crecido.
Desde la acera de enfrente vio regresar a sus padres del supermercado. Manuel llevaba unos zapatos gastados. Carmen cargaba una bolsa con pan, leche y 2 yogures. Ninguno entró por la puerta principal.
Rodearon la casa por un pasillo lateral y desaparecieron por la puerta del lavadero.
Nicolás se quedó inmóvil.
Su antigua vecina, Pilar, lo reconoció y bajó la voz al saludarlo.
—Pensaba que tú lo sabías.
Él no tuvo que preguntar qué.
Se acercó al muro del patio y escuchó a su padre.