Ya había notado que mi tío nos miraba a mí y a mi prometido con una extraña clase de celos. Una noche, me invitó a cenar a solas, me tomó de la mano y dijo: —Hay algo que necesito confesarte… Lo que escuché después me hizo romper a llorar…

Tal vez de hacía diez años.

Una mujer vestida de blanco estaba al lado de un novio.

Al principio no entendí lo que estaba viendo.

Entonces se me helaron las manos.

El novio era Daniel.

Pero en la parte de atrás de la fotografía había otro nombre.

Nathan Cole.

—¿Qué es esto? —susurré.

Robert puso otro documento sobre la mesa.

Luego otro.

Un viejo artículo de periódico.

Un expediente judicial.

La fotografía de otra mujer.

—Hace diez años, con ese nombre, se casó con la hija de un antiguo compañero mío —dijo Robert—. Seis meses después, la mayor parte de los ahorros de ella había desaparecido.

Empecé a negar con la cabeza.

—No. Daniel jamás haría algo así.

—Al principio yo tampoco estaba seguro. Por eso no dije nada.

Robert explicó que desde la primera vez que conoció a Daniel, su cara le había resultado familiar.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *