Yo era un padre soltero de 43 años que criaba solo a su hija de 13 años. Aquella tarde fuimos al río y nos tomamos esta fotografía. Pero apenas 20 minutos después ocurrió algo terrible. Mi hija desapareció sin dejar rastro, dejando atrás únicamente su vestido blanco de flores. Cuando llegó la policía y revisó mi teléfono, uno de los agentes se puso pálido,

—¿Tiene alguna fotografía reciente de ella?

Inmediatamente le entregué mi teléfono.

—¡Esta! ¡La tomamos justo aquí!

El detective examinó cuidadosamente la fotografía.

De repente, su expresión cambió.

Amplió la imagen, se quedó mirando la pantalla y llamó a otro policía.

Ambos intercambiaron una mirada que hizo que se me encogiera el estómago.

—¿Qué ocurre? —pregunté.

Ninguno respondió.

Entonces el detective llevó lentamente la mano hacia sus esposas.

—Señor, dese la vuelta y ponga las manos detrás de la espalda.

Lo miré sin poder creerlo.

—¡¿Qué?! ¡Mi hija ha desaparecido! ¡¿Por qué están haciendo esto?!

Su voz se volvió aterradoramente fría.

—¡SEÑOR, QUEDA USTED DETENIDO!

—¡¿POR QUÉ?! ¡¿QUÉ HE HECHO?!

Cuando comprendí lo que había descubierto, las piernas me fallaron y estuve a punto de caer al suelo…

LEE LA CONTINUACIÓN DE LA HISTORIA EN EL PRIMER COMENTARIO.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *