—Lo siento —dije.
Abrió los ojos de nuevo.
—No quiero que te arrepientas hoy, David. Necesito asegurarme de que Liam y yo estemos a salvo.
—Lo están.
—¿De ellos?
La respuesta debería haber sido inmediata.
No lo fue.
No porque quisiera que mi madre o mi hermana volvieran a estar cerca de Maya, sino porque de repente me di cuenta de que cancelar sus tarjetas era lo más fácil. Lo más difícil fue aceptar lo que habían hecho sin apaciguarlos, sin dar explicaciones y sin convertir el sufrimiento de Maya en otra discusión familiar que todos tuviéramos que resolver.
—Sí —dije finalmente—. De ellos también.
Maya me miró durante unos segundos, como si intentara evaluar la veracidad de la promesa.
Luego participa.
A las 2:17 de la madrugada, mi madre llamó.
Dejé que el teléfono sonara hasta que se cortó.
Un minuto después, llamó a Chloe.
Luego Mark.
Y luego mi madre otra vez.
Empezaron a llegar los mensajes.