Debajo apareció un comprobante bancario.
Transferencia: $23,500.
Beneficiaria: Paola Méndez Rivas.
Concepto: pago hipotecario.
Y luego, una orden de fabricación para una cocina integral en un departamento de un desarrollo nuevo cerca de Satélite.
Cliente: Paola Méndez.
Pagador: Ricardo Salgado.
Lucía alcanzó a tomar fotografías justo cuando dejó de correr el agua de la regadera.
Guardó todo exactamente como estaba.
Esa noche no gritó.
No preguntó quién era Paola.
No preguntó por el anillo.
Esperó a que Ricardo se durmiera y abrió la banca en línea de la cuenta de ahorro que ambos compartían.
Once meses atrás, Ricardo había retirado $480,000 pesos.
Lucía recordó la explicación: “Moví el dinero a una inversión con mejor rendimiento”.
Nunca volvió a ver aquella inversión.
Tres meses después habían salido otros $70,000. Luego $55,000. Después cantidades menores.
Dinero que durante años habían guardado para la universidad de Mateo.
A la mañana siguiente, Ricardo tomó café como siempre.
—Hoy también voy a llegar tarde. Tenemos junta.
—¿En dónde?
Él mencionó la zona norte de la ciudad.
La misma zona del departamento de Paola.
Lucía lo observó salir y, por primera vez en diecisiete años, no sintió que veía a su esposo.
Sintió que veía a un desconocido que llevaba meses vaciando su casa sin hacer ruido.
Y todavía no sabía que el anillo era apenas la parte menos grave de todo.
PARTE 2
Esa tarde Lucía llamó a su amiga Karla, contadora desde hacía más de quince años.
Karla revisó las fotografías y la cuenta común.
—No hagas un escándalo todavía —dijo—. Guarda estados de cuenta, fechas y todo lo que tú puedas consultar legalmente. Y habla con un abogado.
—¿Abogado? Ni siquiera sé quién es esa mujer.
—Precisamente. La infidelidad te puede romper el corazón. Pero si está usando dinero familiar, eso puede romperte la vida.
Al día siguiente Lucía se reunió con Daniel Ortega, especialista en asuntos patrimoniales familiares.
Daniel fue claro: no hackear teléfonos, no adivinar contraseñas, no seguir a nadie. Sólo conservar documentación propia y usar canales legales.
—Ustedes están casados bajo sociedad conyugal —le recordó después de revisar el acta—. Si se confirma que se dispuso de recursos comunes para fines ajenos a la familia, habrá que cuantificarlo. Pero primero necesitamos hechos.