Mi esposo prefirió llevar a su secretaria a la cena que podía salvar su empresa y me dejó sola bajo la lluvia. “No me esperes”, me escribió como tantas veces durante nuestros 3 años de matrimonio. Esta vez le hice caso. Pero cuando llegó el momento de brindar con el presidente, él no levantó la copa; miró a mi esposo y preguntó: “¿Dónde está mi única hija?”… y el verdadero origen de su éxito empezó a salir a la luz.