El agente pidió documentos.
No tenían ninguno a su nombre.
Luego recibieron la confirmación de que la propietaria estaba siendo trasladada de urgencia y había denunciado que la dejaron en situación de riesgo.
Adrián empezó a repetir:
—Yo no quería dejarla. Mi mamá me presionó.
Ese fue el primer golpe.
El segundo llegó en el hospital.
El cirujano salió a hablar con Javier después de operarme y le dijo:
—Llegó justo a tiempo. El apéndice estaba perforándose. Si se retrasa más, esto podía terminar en una infección abdominal grave.
Pero todavía faltaba algo que ninguno de ellos sabía.
El localizador no era la única prueba que había dejado mi camioneta.
Y cuando Javier descubrió lo que se había grabado dentro de ella, entendimos que la historia acababa de cambiar por completo.
PARTE 3
Desperté de la anestesia cerca de la medianoche.
Lo primero que vi fue a Javier dormido en una silla, con los brazos cruzados y la cabeza apoyada contra la pared.
—Javi…
Abrió los ojos de inmediato.
—Mari. ¿Cómo te sientes?
—Como si me hubiera atropellado un camión.
Sonrió apenas.
—El médico dice que vas a estar bien. Llegaste a tiempo.
Yo cerré los ojos y respiré despacio.
—¿Y ellos?
Javier se quedó callado unos segundos.
—Los llevaron a declarar. La camioneta quedó asegurada mientras se documentaba lo ocurrido. Ya hablé con la Fiscalía y entregué tu reporte médico.
—¿Los van a meter a la cárcel?
—No voy a prometerte cosas que no dependen de mí —respondió—. Lo que sí te digo es que dejar a una persona enferma en una carretera, sabiendo que pidió ayuda, tiene consecuencias. Y llevarse su vehículo después de que ella se opone también se va a investigar.
Esa respuesta me tranquilizó más que cualquier promesa de venganza.
Yo no quería una película.
Quería que nadie pudiera decir que lo ocurrido había sido “una discusión familiar”.
No lo fue.
Yo pude morir.
A la mañana siguiente, Javier me enseñó mi teléfono. Tenía decenas de llamadas perdidas de Adrián y varios mensajes.
“Perdóname.”
“Mi mamá se salió de control.”
“No pensé que estuvieras tan mal.”
“Dime qué hago para arreglarlo.”
Leí el último dos veces.
Después lo borré.