En urgencias, una resonancia mostró un tumor en una zona delicada. La cirugía era inevitable y muy riesgosa.
Cuando pude verlo, Tomás me tomó la mano.
—Isabel, escucha. Si no despierto, mi mamá va a exigir la casa para Mauricio. Va a decir que tú eres joven, que te volverás a casar y que Camila “pertenecerá” a otra familia. Dona la casa a tu mamá. Que ella la resguarde para ustedes.
—Van a decir que me aproveché de ti.
—Que digan lo que quieran. Yo sé quién pagó esa casa.
Llamamos a mi mamá, a nuestro abogado, Alejandro, y a un notario que aceptó trasladarse al hospital. Un neurólogo certificó que Tomás estaba consciente, orientado y comprendía lo que firmaba. Todo se hizo legalmente. Además, Tomás grabó un video explicando que la decisión era suya y dejó un sobre sellado con el pagaré de Mauricio, mensajes y notas sobre las insistentes preguntas de Teresa.
Horas después entró al quirófano.
La cirugía duró casi nueve horas.
Tomás sobrevivió, pero no despertó.
Y esa misma tarde, mientras yo seguía frente a terapia intensiva, Teresa reunió a toda la familia y dijo algo que me heló la sangre:
—Si Tomás queda así, esa casa tiene que regresar a nuestro apellido. Con o sin la firma de Isabel.
No podía imaginar hasta dónde estaban dispuestos a llegar.
PARTE 2
Tres días después, Teresa apareció en el hospital acompañada por Mauricio, mi cuñada Marcela, dos tíos y mi suegro Enrique. No preguntaron primero por Tomás. Pusieron una carpeta sobre una mesa de la cafetería.
—Firma —ordenó Teresa—. Autorizas que Enrique y yo administremos los bienes de nuestro hijo mientras esté incapacitado.
Leí la primera página y la cerré.
—No.
Marcela soltó una risa seca.
—Tienes treinta y tres años. Si Tomás no despierta, mañana puedes conocer a otro hombre. ¿Y la casa de nuestra familia termina en manos de un extraño?
Sentí náuseas. Mi esposo respiraba conectado a máquinas a unos metros y ellos ya planeaban mi siguiente matrimonio.
Entonces les dije la verdad.
—La casa ya no está a nuestro nombre.
Teresa palideció.
—¿Qué hiciste?
—Lo que Tomás pidió.
No me creyó. Me llamó ladrona en pleno pasillo. Marcela empezó a grabarme con el celular y Mauricio gritó que yo había manipulado a un enfermo. No discutí. Saqué el video.