Y por eso se atrevió.
La puerta volvió a abrirse.
—¿Dónde está? —preguntó Andrés.
Una parte de mí todavía quiso confiar en él.
—En el baño —contestó Rebeca—. Ivonne viene subiendo.
Ivonne.
La “amiga de la universidad” que le escribía de madrugada por supuestos pendientes de trabajo.
Entró con tacones rojos y voz nerviosa.
—Ya estoy harta de esconderme, Andrés. Me prometiste que después de la boda la ibas a sacar de la casa. Bodas
—Y lo voy a hacer —dijo él—. Mañana diré que amaneció rara, agresiva, paranoica. Mi mamá confirmará que la vio alterada. Tú dirás que te amenazó cuando supo lo nuestro.
Me tapé la boca.
No era solo una infidelidad. Era un plan.
Rebeca habló como si diera una receta.
—Una mujer llorando siempre parece culpable si el hombre habla tranquilo.
Andrés se rió.
Entonces recordé mi celular. Lo había dejado grabando sobre la mesita para captar mi supuesta sorpresa. Tal vez el video no mostraría mucho, pero el audio estaba clarísimo.
—Cuando vendamos esa casa —dijo Andrés—, liquido la deuda de mi mamá, rentamos algo en Lomas y empezamos bien.
—¿Y Valeria? —preguntó Ivonne.
—Valeria ama al Andrés que le inventé. Va a tardar en aceptar que nunca existió.
Algo dentro de mí se rompió en silencio.
Rebeca caminó hacia la puerta.
—Yo bajo primero. Tú quédate, sé dulce y luego empieza a quebrarla poquito a poquito.
La puerta se cerró.
Andrés quedó solo, sirviéndose champaña como si celebrara una victoria.
Entonces salí lentamente del otro lado de la cama, con el vestido arrugado y el celular en la mano. Camasy cabeceros
—¿También ensayaste los votos o esa parte sí te salió del corazón?
Andrés se volteó. La copa cayó sobre la alfombra.
—Vale…
—No me digas así.
Miró mi celular. Luego la cama. Luego mi cara.
—Estabas ahí.
—Sí. Iba a sorprenderte. Pero tú ganaste.
Su expresión cambió.
—Borra eso.
—No.
—Valeria, no sabes con quién te estás metiendo.
Sonreí con lágrimas en la cara.
—El que no sabe con quién se metió eres tú.
Él soltó una carcajada seca.
—¿Tú? ¿Una oficinista que apenas paga sus cosas? Tengo testigos, papeles y a mi madre. Vas a quedar como una esposa despechada.
Abrí mi celular y le mostré los contratos de la casa, el salón, la suite y las transferencias. Teléfonosmóviles