—¿Y Adrian?
—No aparece oficialmente como propietario.
—¿Pero?
Hubo silencio.
—Pero hay transferencias mensuales desde una cuenta vinculada a Adrian.
Sentí un peso en el pecho.
—¿Desde cuándo?
—Dos años.
Dos años.
Yo había estado preparando una boda.
Él había estado financiando una segunda vida.
Pero todavía no era lo peor.
Daniel me envió otro archivo.
—Mira los pagos de la tarjeta.
Abrí el documento.
Había compras de muebles.
Electrodomésticos.
Ropa de bebé.
Y una transferencia considerable a una clínica privada.
Mi respiración se detuvo.
—¿Bebé?
—Eso parece.
Volví a mirar la fecha.
El primer pago había ocurrido ocho meses antes.
Mucho antes de aquella noche en el hospital.
Llamé a Adrian.
Contestó al cuarto tono.
—¿Ya estás más tranquila?
—¿Sofía está embarazada?
Silencio.
No necesitaba escuchar la respuesta.
—Elena…
—Solo responde.
—No es lo que piensas.