PARTE 2: CANCELÉ LA BODA SIETE DÍAS ANTES Y DESCUBRÍ QUE MI PROMETIDO Y SU ASISTENTE HABÍAN PREPARADO UNA VIDA A MIS ESPALDAS

Lo miré fijamente.

—¿Me engañabas mientras me pedías matrimonio?

—No era una relación.

—¿Dormían juntos?

No respondió.

Eso fue suficiente.

Me levanté.

—Ya no necesito saber nada más.

—Elena.

—No.

—Yo te amo.

Me quedé quieta.

—No sabes amar a alguien sin pedirle que acepte menos de lo que merece.

Yo caminé.

Pensé que finalmente había terminado.

Pero dos días después, Sofía apareció en mi apartamento.

No llevaba la actitud tímida de aquella noche.

Parecía aterrada.

—Necesito hablar contigo.

—No tenemos nada que

hablar.

—Sí.

Me entregó un sobre.

—Esto es tuyo.

Abrí el sobre.

Dentro había copias de mensajes entre Adrian y ella.

Algunos eran recientes.

Otros tenían más de dos años.

Pero había algo más.

Un documento médico.

Lo leí.

Y levanté lentamente la mirada.

—¿Qué es esto?

Sofía respiró profundamente.

—El bebé no es de Adrian.

—Entonces, ¿por qué todo esto?

—Porque él me pidió que dijera que podía serlo.

Me quedé helada.

—¿Él?

—Al principio yo quería decir la verdad.

—¿Qué verdad?

Sofía comenzó a llorar.

—Adrian me prometió que, si yo decía que el bebé era suyo, él cancelaría la boda contigo.

No podía creerlo.

—¿Por qué?

—Porque quería estar contigo sin parecer el hombre que abandonó a su prometida embarazada.

La miré.

—Entonces quería utilizar un embarazo falso para justificar nuestro final.

Sofía asintió.

—Pero después me arrepentí.

Me entregó otro documento.

Era un informe de paternidad.

El resultado era claro.

Adrian no era el padre.

—¿Quién es?

Sofía negó con la cabeza.

—Eso no importa.

—Para ti sí.

—El padre biológico desapareció cuando supo del embarazo.

Observaron.

Por primera vez no vi a la mujer que había ocupado mi asiento.

Vi a alguien que había cometido errores y finalmente estaba intentando detener una mentira.

—¿Por qué me cuentas esto?

Sofía respondió con lágrimas en los ojos.

—Porque aquella noche, cuando dijiste que terminabas con Adrian, entendí algo.

—¿Qué?

—Él nunca creyó que fueras a hacerlo.

Me quedé en silencio.

—Pensó que después de cinco años terminarías perdonándolo como siempre.

Eso dolió.

Porque era verdad.

Adrian no había tenido miedo de perderme.

Había confiado en que yo seguiría allí.

Esperándolo.

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