PARTE 2: CANCELÉ LA BODA SIETE DÍAS ANTES Y DESCUBRÍ QUE MI PROMETIDO Y SU ASISTENTE HABÍAN PREPARADO UNA VIDA A MIS ESPALDAS

—¿Y Adrian?

—No aparece oficialmente como propietario.

—¿Pero?

Hubo silencio.

—Pero hay transferencias mensuales desde una cuenta vinculada a Adrian.

Sentí un peso en el pecho.

—¿Desde cuándo?

—Dos años.

Dos años.

Yo había estado preparando una boda.

Él había estado financiando una segunda vida.

Pero todavía no era lo peor.

Daniel me envió otro archivo.

—Mira los pagos de la tarjeta.

Abrí el documento.

Había compras de muebles.

Electrodomésticos.

Ropa de bebé.

Y una transferencia considerable a una clínica privada.

Mi respiración se detuvo.

—¿Bebé?

—Eso parece.

Volví a mirar la fecha.

El primer pago había ocurrido ocho meses antes.

Mucho antes de aquella noche en el hospital.

Llamé a Adrian.

Contestó al cuarto tono.

—¿Ya estás más tranquila?

—¿Sofía está embarazada?

Silencio.

No necesitaba escuchar la respuesta.

—Elena…

—Solo responde.

—No es lo que piensas.

—Entonces dime qué pienso.

No respondió.

—¿Desde cuándo?

—No sabía que estaba embarazada.

—¿Y los muebles?

—Ella necesitaba ayuda.

—¿La clínica?

Silencio.

—Adrian.

Finalmente habló.

—Sofía tuvo un tratamiento médico.

—¿Y tú pagaste?

—Es una persona que trabaja conmigo.

Me reí.

—Yo también trabajo. Nunca me pagaste una clínica privada.

—No compares las cosas.

—Tienes razón.

Mi voz se volvió completamente fría.

—Porque yo no estoy embarazada de ti.

Otra pausa.

—Elena, por favor.

—No.

Colgué.

Pero una hora después llegó un mensaje.

Tenemos que hablar en persona.

No respondí.

Entonces llegó otro.

Hay algo que nunca te conté.

Esa frase consiguió lo que las demás no habían logrado.

Acepté encontrarme con él.

Nos vimos en una cafetería cerca del hospital.

Adrian llegó solo.

Parecía agotado.

—Sofía está embarazada —dijo.

No reaccioné.

—Lo sé.

—Pero no estoy seguro de que el bebé sea mío.

Lo miré.

—¿Qué?

—Ella dice que sí.

—¿Y tú?

—No lo sé.

Aquello cambió completamente la situación.

ué estabas pagando todo?

Adrian bajó la voz.

—Porque me dijo que si no la ayudaba, perdería el trabajo y tendría que regresar con su familia.

—Eso no explica los muebles.

—Ella me hizo creer que yo podía ser el padre.

—¿Y durante dos años?

Adrian levantó la mirada.

—Nos conocíamos desde antes.

Sentí que todo encajaba de una forma distinta.

—¿Cuándo empezó?

—Antes de nuestro compromiso.

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