A los 56 años, mi marido me dejó por una mujer de 28 y le entregó todo lo que teníamos. La llamó su segunda oportunidad para ser feliz. Seis meses después, apareció en mi puerta llorando y suplicándome que lo salvara…

Y cuando por fin comprendió lo que había perdido, aquellas personas ya habían aprendido a vivir sin él.

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