Nos volvimos amigos, después mejores amigos. Con ella no tenía que fingir ser más joven. Era simplemente George. Una tarde, sentados en el patio, le confesé mis dudas: la diferencia de edad, lo que diría la gente. Ella respondió con una frase que derribó mis últimas defensas: “Si mañana perdieras cada dólar que tienes, yo vendría igual al día siguiente.”
A los 74 años me casé con una mujer 38 años menor: la advertencia de mi empleada doméstica cambió mi vida