Al volver del funeral de mi madre, descubrí que mi marido negociaba a mis espaldas la venta de su casa, mientras yo aún llevaba la ropa del entierro. «Tu madre está muerta, no va a enterarse», me soltó sin remordimientos. Cancelé la venta y llamé a mi abogada. Pero una vecina de 86 años me señaló el viejo pozo, donde apareció una caja con una advertencia escrita 3 días antes de la muerte de mi padre.

La siguiente noticia llegó de una persona que llevaba décadas guardando silencio.
Se llamaba Tomás Cordero.
Tenía 81 años y había trabajado en la misma cuadrilla forestal que Julián.
Vivía en Béjar.
Al enterarse de que se estaba revisando el caso, pidió hablar con los investigadores.
Su declaración cambió la dirección de las pesquisas.
Tomás explicó que la mañana de la muerte de Julián, el encargado modificó inesperadamente las tareas.
Dos hombres que no pertenecían a la cuadrilla habían llegado antes del inicio de la jornada.
Uno discutió con Julián.
Después obligaron a Tomás y a otro trabajador a trasladarse a una zona diferente.
Poco más tarde escucharon un estruendo.
Cuando llegaron, Julián estaba bajo un árbol caído.
—Yo vi las marcas —declaró Tomás—. Habían preparado aquel árbol para que cayera cuando él estuviera allí.
—¿Por qué no lo contó? —preguntó la investigadora.
El anciano rompió a llorar.
—Porque me dijeron que mi mujer y mis hijos serían los siguientes.
Los investigadores compararon su testimonio con las notas de Eusebio.
Varios detalles coincidían.
También localizaron antiguos registros de transporte que confirmaban movimientos irregulares de mercancías durante aquellas semanas.
Los documentos conservados por Mercedes resultaron especialmente importantes porque permitieron reconstruir operaciones que la empresa nunca había declarado.
Sin embargo, Fernando explicó a Isabel que todavía quedaba un largo camino judicial.
Los hechos eran antiguos, había problemas de conservación de pruebas y debían estudiarse las consecuencias legales del tiempo transcurrido.
Isabel escuchó con paciencia.
Había esperado 45 años sin saberlo.
No iba a rendirse después de unos meses.

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