—Tú no me metiste. La vida mete a uno donde quiere. Lo importante es saber cuándo salir.
Aquella frase se le quedó grabada.
Valeria inició el divorcio esa misma semana.
No pidió venganza. No necesitaba inventar trampas ni usar influencias para fabricar delitos. Solicitó la separación, denunció la falsificación de su firma y entregó a las autoridades la documentación financiera que sus abogados habían encontrado.
También recuperó formalmente su lugar en el Grupo Salcedo.
Su padre, don Ernesto, fue a verla al hospital.
Los dos se quedaron frente a frente varios segundos. Durante tres años no habían podido hablar sin convertir cada conversación en una batalla.
—Yo tenía miedo de que regresaras derrotada —dijo él.
Valeria sostuvo su mirada.
—No regresé derrotada.
—Ya lo sé.
Don Ernesto bajó la cabeza.
—Regresaste sabiendo quién eres.
Mientras tanto, Diego seguía convencido de que aún podía recuperar a Valeria.