“Cómete las sobras del perro y te pago la operación de tu madre”, me dijo mi suegra mientras mi esposo observaba y su amante grababa todo con el celular. Después de tres años soportando desprecios, me puse de pie, guardé el plato a un lado y llamé a mi hermano. Cuando varios vehículos se detuvieron frente a la casa, mi marido empezó a entender el error que había cometido.

La oportunidad que creyó perfecta apareció durante la Cumbre Empresarial de Occidente, un evento al que asistían inversionistas, dueños de empresas y ejecutivos de Jalisco.

Diego aún conservaba una invitación obtenida antes de la crisis y asistió con Graciela, convencido de que dejarse ver entre inversionistas podía salvar su reputación. Llegaron vestidos como si nada hubiera ocurrido, aunque la agencia debía nóminas y la casa seguía hipotecada.

Entonces se apagaron algunas luces del salón y comenzó la presentación del patrocinador principal.

—Damas y caballeros —anunció la conductora—, recibamos a la nueva vicepresidenta de estrategia del Grupo Salcedo, la licenciada Valeria Salcedo.

Diego se quedó inmóvil.

Graciela apretó su copa con tanta fuerza que casi la rompió.

Valeria apareció desde un costado del escenario con un vestido negro sencillo, sin exceso de joyas y sin la menor intención de parecer una princesa.

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