Había comenzado mucho antes de que ella naciera.
Lo que estaba a punto de descubrir sobre su familia era peor de lo que cualquiera en San Bartolo podía imaginar…
PARTE 2
Jacinta dejó el relicario sobre la mesa como si quemara.
—Perteneció a Rafael Ortega —dijo.
Nunca había escuchado ese nombre.
—¿Quién era?
—El primer marido de la mamá de Lucía.
Me explicó que muchos años atrás, cuando Elena, la madre de Lucía, aún era muy joven, había estado casada con Rafael, propietario de parte del huerto, el molino de agua y varias hectáreas que después formarían la herencia de su hija.
Rafael murió en circunstancias extrañas.
Una caída en una barranca, dijeron entonces.
Pero Elena nunca creyó que hubiera sido un accidente.
—Una noche vino a verme —recordó Jacinta—. Tenía un ojo golpeado y este relicario en la mano. Me dijo que Beatriz estaba obsesionada con Rafael.